Se asoma al abismo de los balcones con una indiferencia de suicida, se sume en oscuros pensamientos que suelen provocarle ataques de llanto inconsolable.
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En mi opinión, la terapia era una manía de los estadounidenses, gente muy consentida y sin tolerancia para las dificultades normales de la existencia. Mi abuelo me inculcó en la infancia la noción estoica de que la vida es dura y ante los problemas no cabe sino apretar los dientes y seguir adelante. La felicidad es una cursilería; al mundo se viene a sufrir y aprender.