3.4.09
1.4.09
01
31.3.09
29.3.09
11
-¿Qué haremos cuando acabe Perdidos?
-Puf, ya ves, a mi que me dicen eso de que solo se hablar de perdidos... Me volveré un chico introvertido.
-Te quedarás en casa sin salir, balanceándote.
-Sí, y poniéndome los dvds de las temporadas.
-Y entonces tu vida se convertirá en un tornillo sin fin.
-En una espiral sin salida. Viajaré a Australia para coger un vuelo a Sidney-L.A. con la esperanza de caer en la isla, y cuando vea que no nos estrellamos me tiraré del avión, y fin de mi vida.
-Y entonces yo haré una serie de tu historia. Se llamara Lostor, o Lestor.
-Previously, on Lestor.
-Puf, ya ves, a mi que me dicen eso de que solo se hablar de perdidos... Me volveré un chico introvertido.
-Te quedarás en casa sin salir, balanceándote.
-Sí, y poniéndome los dvds de las temporadas.
-Y entonces tu vida se convertirá en un tornillo sin fin.
-En una espiral sin salida. Viajaré a Australia para coger un vuelo a Sidney-L.A. con la esperanza de caer en la isla, y cuando vea que no nos estrellamos me tiraré del avión, y fin de mi vida.
-Y entonces yo haré una serie de tu historia. Se llamara Lostor, o Lestor.
-Previously, on Lestor.
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28.3.09
10

Pues bien, cada vez que la angustiada vuelva a sentirse abandonada (y va a sentirse abandonada muchas veces, fijo, no sólo por mera cuestión de estadística, sino porque ¿quién aguanta a una persona enganchada al sufrimientos, que se pasa media vida llorando y la otra media a punto de hacerlo?), cada vez que un amante decida que no quiere volver a verla más, o que la echen del trabajo, o que discuta con su mejor amiga, o que en la tienda de abajo se acaben las existencias de su helado favorito, entonces, ¡zas!, nueva crisis de angustia, y vuelta a las noches en blanco, a los pensamientos suicidas, a las lágrimas constantes y a las decisiones impulsivas como las citadas. Angustia de abandono lo llaman. O ciclotimia, aunque no sea lo mismo.
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25.3.09
09
Las hay que se van a las Bahamas; las hay que dejan el trabajo; las hay a las que le da por acostarse con todo bicho viviente -desde el repartidor de butano hasta su jefe-; las hay que vuelven a fumar; las hay que se enganchan a los chicles de menta, a los caramelos de regaliz, a los culebrones televisivos de media tarde o a la cocaína; y las hay, más originales, que se gastan la mitad del sueldo en un lote de cintas de vídeo porno que ni siquiera son porno. Los psiquiatras lo llaman angustia de abandono.
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24.3.09
08

Cuando avanzo por la calle y examino los rostros de todos esos hombres y mujeres, todas esas chicas y chicos que parecen felices, que no necesitan pastillas para dormir, que no se levantan con los ojos llorosos cada mañana, que no sienten extrañas náuseas sin razón aparente, que no fantasean a cada minuto con la idea del suicidio, me pregunto ¿seré yo tan rara?, ¿es culpa de mi educación, de mi ambiente, de mi entorno?, ¿o acaso está impresa en mis genes esta insatisfacción constante, esta intrusiva tendencia a la melancolía, esta incapacidad de superar los abandonos?
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